La ranita que amaestré
Mi hermano Nicholas vio un perro que atacaba a una ranita.
La salvó y se la llevó a casa, la metimos en la bañera, la amaestramos y le hicimos una casita. La tuvimos sólo una o dos semanas en casa y después la sacamos al jardín donde le instalamos su casa. Claro, le dimos de beber y de comer.
Al poco tiempo desapareció.

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